Todos los amores de mi vida
no son míos
porque no he aprendido
a amarme.
Son de alguien que existió
por ellos, por mí, pero no para mí.
Todos los amores de mi vida
comulgan con lo incomprensible
que soy, lo inútil de mis palabras,
lo desechable de mis actos,
lo insoportable de mi historia.
Me mantienen de pie, sin embargo,
todos esos amores de mi vida,
porque los he vivido con toda la entrega
de mi fuego y de mi ser.
Me mantienen atento, me sostienen,
para que tal vez un día ese milagro
que ellos buscaban en mí sea verdad:
que pueda perdonarme y amarme a mí mismo.

Arte desde Pixel Symphony en X.com