No supimos ser cordiales
amables y atentos.
Supimos bailar
oscuros y siniestros
entre muchedumbres
hambrientas de billetes y monedas.
Ni la cortesía fue suficiente,
o necesaria, ni la indiferencia fue contundente,
o fulminante. Ni el amor ni la muerte
nos conquistaron o conquistarán,
porque desde hace quince mil años
ríos de almas poseyeron nuestro destino.
Fatalidad, dos torres, dos cosmovisiones,
dos patrones de ser, sentir y pensar el universo:
antagonismos siempre en contradicción,
como el amo y el esclavo,
esclavitud y servidumbre incesante
solo para no morir en el riesgo de la rebelión.


