La fortuna se oculta
a cada paso que doy.
La desgracia me susurra
al oído: continúa, adelante.
El rumor de la sordera
de los tiempos carcome
los firmes vestigios de mi vida.
Rebrota la simiente a cada paso,
resurge frente a mí cada pieza
del rompecabezas cósmico
de cada sitio donde soy ausencia,
dónde nunca fui ni seré.
A cada susurro antes remilgaba
pero entiendo todo: sí, tus negaciones
son la medida de tus fracasos
y tus empeños nunca fueron
la medida de tus sueños.
Solo soy millones de mentiras,
una sola aquí, conmigo, en mí,
mi creencia de ser y existir
incumplida a cada paso.
Un nadie común, eso soy,
nada más eso, un mero no hombre.
Ni perdón ni olvidó
en este juicio donde siempre
termino en deuda, la deuda severa
de mi medir severo, la severidad
de mi incomprensión, mi arrogancia
y mi desdén abyecto. Infinitas
gracias, solo Dios sabe nuestros caminos.


