Todo deriva
hacia el mar,
respiración,
mutar, andar,
soñar acaso
el nombre del acantilado
interior y despertar.
Despegue imantado
a la verdadera soledad:
Dios aquí, conmigo,
en ti también, Dios.
Inhalar, exhalar,
componer el tiempo
de los silencios calmos
y no del ruido
tormento y clamor
de todo lo que es corruptible.
Acaso deriva
liberadora
hacia el mar
la mirada y el cuerpo,
en la playa
donde las olas conquistan
segundo a segundo
la paz. Conflagración
de la calma, respirar,
despegar, ignición
salto al más allá
que es un más acá:
nosotros ahí,
adentro en la humedad
de la espuma y el remanso
para toda tristeza, agua con sal.
Ninguna lágrima es igual
después de salir y tocar
con el aliento vivo
la dicha calmada del mar.


