La belleza no es para mí,
ni la inteligencia, ni el placer.
Para mí es el olvido, la ignorancia
y el desacato. Nada dura más
que la sentencia de mi mutismo.
Fluyo desde antes de ser el estorbo
de mi existencia, este desecho residual tóxico
en comunión con la destrucción humana
y planetaria. Al final quizás me vuelva hongo
y pueda descomponer la podredumbre
del mundo, tan incomprensivo y ruin,
tan mezquino, para volver a la vida:
la única forma de verdad inextinguible.


