No siempre se puede tener conciencia
ni vivir con los ojos abiertos
o ser el prójimo más samaritano.
No siempre se puede tener un juicio sano
porque al final la locura siempre es más fuerte.
Pero se puede disfrutar un paseo,
una tarde de sol o de lluvia,
se puede comer un helado sin que se caiga
o simplemente ver el vecindario
con la tranquilidad del trabajo cumplido.
Común cotidiano es poder alzar la vista
cuando se anda, erguir la espalda y la cabeza,
saber que ni en el cielo ni en la tierra
hay espacio más que para fantasías.
En realidad nada es importante
tanto como lo absurdo de la vida,
pero entonces descubrir la calma
cuando lo adverso promete horrores
es saber que frente a ti hay un cosmos
de posibilidades inimaginables.
Respirar, caminar, ver, sentir el fresco
de la tarde, un regalo simple, tal vez
el único regalo posible. Agradécelo.


