Por todos los sentidos
de mi percepción y existencia
ha entrado el oriente.
Cada tacto y pulso,
cada puño y pateo,
cada grito, son el oriente en mí.
La fuerza Yin me cobija,
la fuerza Yang me procura.
Lo que se dice no existe,
como el Tao que se nombra,
que no es. En cambio, el silencio.
El oriente es en mí, yo soy en él.


