Quisimos volar
y el cielo nos arrojó
a la cima del risco
dónde amar fue un tesoro.
Volamos y caímos
silentes al territorio
del abandono. Como plumas
al viento fuimos arrojados
al desamor para luego encontrar
el verdadero sentido
de nuestro querer.
Entonces llegamos al acantilado
amanecer donde finalmente
encontramos la piedad y calma
para entender que nada estuvo mal,
nada estuvo bien, solo fuimos
una experiencia en nuestro camino,
que se bifurcó. Nada fue más hermoso
que la compasión de sabernos
mutuos hasta dónde lo mutuo fue nuestro.


