Los infiernos no son oscuros
tienen el brillo del fuego,
la profundidad insondable
de los abismos submarinos,
la inconquistable fórmula de lo maligno.
Los infiernos siempre son
hondos y profundos,
locos, demenciales, absolutos.
Por eso andar en el borde
entre lo humano y lo infernal
es dar pasos entre orillas riesgosas.
No siempre puede pagarse
ni con la vida el infierno ocurrido
por elegir, no es el lado oscuro,
la seducción, es el pago en sí,
la deuda en sí contraída con el mal
lo que no vemos como riesgoso.
Un paso puede llevarnos a hunidrnos,
otro puede llevarnos a escalar,
los riesgos no pueden ser los mismos:
subir, bajar, caer, trepar.
¿Dónde están hoy tus pisadas?
¿En el bien, en el mal, más allá, más acá?
La fortuna repele al tímido
y acoge al osado, ¿vale la pena
el riesgo? Una vida, nada más,
¿vale la pena el riesgo?
Vívelo, decide, a toda acción
corresponde una reacción
de la misma magnitud
pero en sentido contrario.
a veces los sueños más hermosos
son una pesadilla.


