El material de la poesía, no lo constituyen ni las imágenes,

ni las emociones,  sino las palabras… La poesía es un arte verbal.

Viktor Zirmunskij

Infancia

Auto-referenciar (sé) también

estar: laisser faire laisser passer

cúpulas (no-neo-liberales

estos días, sí virtuales)

del let it be azul

—contra el pellejo

de la infancia—

en los recuerdos atropellados :

irracionalidad de unas tetas perfectas

(por no haber tenido una loba

salvadora, mi nodriza, por no ser de la secta

de los privilegiados amamantados).

Tedio (auto-foto-grafiar) se (las)

manos envueltas, contaminación

del ego, memoria de modelos pornográficas.

Cubrebocas esta(e) sal (to):

abismo el reloj despiste,

cual lozanía de púbero

cada día —tránsito

igual, asomos a la sordera—

de los tiempos la faz,

del verbo el esfínter

—como de la visión

el vapor (sueño) tttsss—

salteando la vida —onírica

cosmoestructuración—: vendaval.

La Kulturgeschichte de mi consciencia

ese subdesarrollo: meine Kindergeschichte kapital dichtung:

los pechos perfectos, la redondez, lo esférico

—diría Sloterdijk de nuestros días, la forma—

il sogno di una ragazza
supurando mis adentros con sus senos.


Heilkunts de mi boca

las bocas suyas —nunca mías

en mí— Kunstsprache de mi inocencia,

mi primer año capicúa: 1991 y Play Boy TV

penetrando mi ser infante, púber aliento

redactando cuentos de otros falocentrados

impulsos de ser el chico más feliz

en el fin del universo.

Mamocéntrico-Vaginocéntrico-Feminocéntrico

evento —deus ex machina biográfica—:

Delicious Nineties young American woman’s tits.

Autosociopsicoanálisis de pesadilla,

siempre el mito de Adán y Eva, esa resbaladilla

de punzones agrietados —mis ojos— trepando

en el rubio placer ausente.

Primer choque

primer contacto

primera ontología

primera fenomenología

del ser femenino adulto

deseado —distancia,

identificando lo virtual,

fastidio de Tables Dances 18 años después—.

Mi primer año capicúa 1991

hoy ya silencio

como el viaje a Paquime,

con mi madre y su hermano

—los apaches chihuahuenses.

Mi volver a Mesoamérica, 1991,

también el año del karate coreano.


Bionarcología il sogno pesado

de los desamores,

de los desvelos,

de la producción monetaria con cuerpos.

Escribir desde antes, siempre, vinculante

con la madre, ¿con el padre? El deporte.

Cuerpos siempre, ahí, disímbolos.

Pesadilla, ensueño neurotizado

meine kindergeschichte. Fantasía irrealizada:

estar desnudo —y erotizarnos—

con tres mujeres —modelos—

al mismo tiempo.

Die Kulturgeschichte meiner Frau interiorizada

contra la planicie de la TV: esas esferas.

Mujer, eres más que dos tetas para mí.

Juventud

Otra vez inmerso —modernidad ya abandona

este raciocinio— en el desquiciado instinto

aristotélico, intuyo querellas del siglo XVIII

como pastelazos en el ring del silencio: sentido.


Con lo jesuítico —padre Mariana, historiador

de las Españas, ven, vení, a mí, de mí…—

luzaniano, inmiscuyo en el acto sonoro,

bjorkiano, una memoria quebrada —sonrían

cabrones—… absolución insufrible

de literarias desproporciones.

Caótica caotización caotizar —Real Academia

cumpliendo 300 años, te induzco a rastrear

mi lexicografema—: aspaviento soltura

esta matriz derruida, racionalidad ya postinternética,

lánguida, corrupta, corporación de miserias estéticas.

Estos resquicios eidéticos en mi palimpsesto existencial

otra vez constriñenme —mío, mi ningunidad. Retomo por si caso

el síntoma nomotético  —pagan poetry, indagando

presencias fulgentes— que interesa a nadie:

ningún otro signo compone la musicalidad, si acaso

entonces, vuelta de tuerca, pitoliana traducción,

daddy you are a fool to cry —¿los Rolling o los Beatles?—.

Querella entonces —non sanctis mundis punctum—

una falacia latinista, esgrimida la sentencia:

en pos de un maestro el tendón de Aquiles —Homero

¿por qué me abandonaste? Un ácido lisérgico puede

matar tu alma— de mi corazón herido para ser

oído herido, talón herido en trance de hikuri —peyotl

lophophora williamsi, dice la scientzia—.

Oscilación de esta controversia —polluted-self—

50 décadas de karate coreano, cosa fácil o peor aún

el endecasílabo garcilasiano no estudiado —porque

tampoco al inca Garcilaso se estudia—: el maestro

fallecido, ego contaminado, desabrida descarga

de discografías populares del siglo XX.

Dije entonces nunca Bjork fue escuchada,

quería otra antropología, otra fenomenología,

quería otro logos, existir. El tiempo nuevo

no es novedad, dicen por ahí: we have never been moderns.

Ya es muy tarde y pierdo la paciencia, escupo

tecladazos en esta pantalla hostil.

Regreso al tiempo, retrospectiva

ansía, sí, hoy no existo, no mañana, sí

tampoco, es decir: otro logos, como sitio

eurocéntrista, falacias, en mi aporía

del ser, incansable, flácido, tenaz…

Mis retazos inquebrantables, de la vida

rotos, retazos, sí, quebrados, también,

esta poltrona, leyendo de pluriversos,

después de entenderme, nimio jovenzuelo,

mozuelo, anzuelo, en la res publica literaria

la res pubica literarum, universo óntico,

sí, porque tampoco terminé Nezahualcóyotl,

pero Luzán me infertiliza, me racionaliza,

—polluted-self— ego, sí, contaminación,

nunca el purismo fue tan innecesario.

Los Rolling fueron, siguen siendo, vida.

Los Beatles, mito necropático, necropatismo.

Soy heredero de la narcopornotecnodemocracia

al estilo United States. Hoy que la derecha dicta

otra vez, otra vez, esta pesadilla,

absuelve el ritual protector. Muere entonces

mi ser Tae Kwon Do alguna vez, hace años, sí.

Hoy —pagan poetry, canción de autora islandesa, mujer

famosísima— impronta fébril, ya un año sin tocar

la guitarra, la luz, la luna, pesadillas embalsamando

mi recinto cruento. Dos décadas, es decir,

una juventud, pornobiográfica, adiós, sí, fue tarde.

Ya no interesa más esta retroflexión, es tan poco

el sentir —silencio:sentido— que a cambio de

los insignes tintineos de memoria

hoy puede ser el momento de nadie,

mí momento: en este decir eurocentrado

neoligista, onomatopoiético, creador de un ser.

There’s no answer: das kapital. Guten Nichten.

Vejez

Me gustan las tetas

Me gustan las tetas revotando
mientras cabalgan mi sexo.
Me gusta el sexo.
Me gustan las mujeres imposibles,
costosas, insensibles,
monetizadas, modelos
infértiles, cosechas de miles de millones,
como para jeque árabe
o scort de último minuto
en la premiación del nobel.
No me gustan los falos
su puntiaguda fas,
su acuchillante fas,
su picuda y severa,
por penetrante, fas.
Me gustan los culos
como pompas de jabón
pero materiales,
carnosas, chorreantes
de transparencias,
no de mierda, eso es mí disfraz,
un pervertido disfrazado de hombre,
de poeta, una mierda disfrazada de bondad,
pedazo de estiércol
para las siguientes generaciones.
Sexo más, sexo menos,
no es cabalgarme
lo que las mujeres desean
quieren dinero
quieren placer
quieren seguridad
quieren tarjes Apple
quieren que pague su Uber
quieren que venda mi casa
que me vaya con ellas a Miami
quieren esclavizarme
por sus tetas redondas,
sus hermosas tetas,
la bondad de su delicia
que me ha pervertido desde 1991.
No me gusta clavar el palo
en tierras prometidas
me gusta claverme en el caos
me gusta caotizar
me gusta destruir de perversión
mi consciencia derretida
en la fisión orgásmica
que se extingue, la muerte chiquita,
el tic tac de las nalgas
revotanto en mi sexo,
en mi pelvis, caos carnal,
frenesí de los instintos,
infernal sino de mi tacto.
No ensillan mi sexo
los hombres, ni los trans,
no ensilla nadie mi sexo,
no es una silla, es un sexo,
pendejo mi regalo,
pendejo mi verbo,
pendejo mi tacto,
pendejo mi ser,
vaya ironía, doctor en ciencias humanas,
la única tradición conocida
es la del desconsuelo,
la entrega total,
el final del amor,
la tormenta que vuelve,
cada amanecer, como definir
con gritos y gritos
el amor más puro
el de la mujer con la voz más hermosa
que jamás haya escuchado
y jamás vaya a volver a escuchar.
Miserable muchacho,
pedazo de mozalbete cruento
de haber sabido que para eso era el dinero
me habría convertido en lago más que un estudiante
de humanidades en todas las aulas
que despellejaron mi consciencia
con cada libro, cada persona,
cada ensayo, cada desvelada
por la semántica, la pragmática,
la guerra de reforma, la antropología del cuerpo,
el fin de los tiempos, ese capicúa perfecto,
once, 11, como el de septiembre,
nacimiento de Romulaizer, Pardo después,
¿cuándo? Con todos esos sintagmas fílmicos
de porno mal contemplado,
de hardcore lésbico, de tetas, perfectas tetas.
Once como el once del canal mexicano
de televisión y María Roiz,
también perfecta, como la canción de Belanova,
no es que hubiéramos querido ser algo
no fuimos nada, dos gotas de tiempo
perdidas en una multitud, pero más que eso
sí, la ausencia, la carencia, el abandono,
Antidopping, Café Tacuba, Maldita Vecindad,
los de Abajo, siempre yo, abajo,
vamos ¡cabalguen! Mientras les canto
himnos del Himalaya tántricos,
para que sepan que es el trance,
de una vez ser mujer de nadie, de mí,
un nadie, un nada, un ninguno más
proscripto del cielo y de la tierra,
caminante de los infiernos, extraviado
y vagabundo por los 1000 caminos
del infierno, como Roby Draco cantó,
en este poltergeist de 15 años, ya no capicúa.
Por eso las tetas, redondas como la tierra,
pero pornonarcotecnodemocratizadas,
es decir, como el globo,
globos carnales de placer,
exceso de no ser el elegido,
ser solo un pequeño y breve espacio
de ruido, un minúsculo sentido,
amar por encima de todo,
sin reciprocidad, siempre en duda,
esférica también, ¿dudan de mi cabalgata?
No lo hagan, lean a Hesse, a Benedetti,
a Onetti, lean, sí a Rilke, lean a León Felipe,
no me cabalguen, no vengan,
no hay espacio en este caos para un tacto más,
un beso más, un aliento más,
salvo el del grito que me partió el alma
simpre, cada vez, por 244 lunas,
sí, hasta que me dijeron: te amo, eres mi novio,
dame dinero, vende tu casa, vente a Miami conmigo,
pero nada fue real, solo mi estupidez,
el tonto de la colina, un remedo de hombre,
una pizca siempre de raciocinio,
siempre ignorar, siempre, por más que sepa,
ignoro más, todo, más que eso
porque el I Ching me dijo
al tope un nueve mutable.
Pero la línea quebrada es más como el pecho
Yin, de mujeres, que la línea completa
Yang, masculina, en la oposición
del único amanecer que no debí presenciar.
Pero el miedo al terror yanqui-islámico
no fue en vano, fue mi culpa Mr. Bush,
yo soy el responsable,
yo grité, yo luché, en vano,
y fue Atenco, fue la guerra,
me vencieron, siempre me vencerán,
son y serán siempre los mejores,
ustedes, yo un segundón,
un gritón inútil,
un catatónico con bloqueo psicoafectivo,
poca cosa, mis lágrimas y mis dolores,
son mi paga, nunca podré pagarles
que me hayan perdonado mis escándalos.
Por la divina natura me conocí
y por la humana cultura conocí mi condena.
Proscripto, hermano de nadie,
hombre de nadie, pedazo de maldición,
malacción, mal nacido, mal muerto,
¿qué más puedo pedir, un Lamborghini
con una modelo que me diga: te amo, doy todo
por ti, no te vayas, no me dejes, por favor?
Ninguna de las fórmulas de la mecánica de Newton
fueron inoperantes en mí, eso sí
la ley de causalidad, la primera,
me arrebató de aquí. No volveré,
nadie alcanza mis infiernos, ni Amaterasu,
ni Nanahuatzin, ni Atena, Psique o Nike,
nadie, nada, un ki perdido,
un alma perdida, un cuerpo en proceso de putrefacción,
vaya versos que me dictan mi condena,
vaya naturaleza árida, de apache, que me cargo.

No es ironía, sátira o burla, lo que soy sin ser
es la verdad, el puto, la mierda, el insensible,
soy yo, que bueno que ustedes si tienen una vida
digna de vivirse, una vida no encasillada
en el ritual de los tapetes, pero lo que sí valió
fueron los collares tarahumaras, el abanico japonés,
un beso inocente y un beso gandalla,
eso sí valió, hoy ya no habrá más años capicúas,
hasta 2112, más baños de sangre, más videojuegos,
no intersa, es todo un juego, sin logos,
no hagan caso a mi dialéctica negativa,
soy un mal filósofo, un mal espécimen,
me gustan las tetas redondas, grandes,
revotando frente a mi vista, cuando las mujeres
cabalgan mi sexo, pero no soy hombre suficiente
para aprender de mis fracasos.

Alexa Meade art