Deambulo por las avenidas
digitales de miserables porciones
conectadas como venas a mi cerebro,
donde la belleza me hace sucumbir
a lo imposible que me arrolla.
Perdido en el ruidoso silencio
de tetas y ojos angelicales
dentro de mí la rabia y el dolor
se vuelven poesía. Como esta red
finita en su infinitud
atropella mis instintos y me enajena
me vuelve un imán de secretos y perfidias.
Porque finalmente mi humanidad
se cifra en los apetitos más perversos y distorsionados
cuando mi código de ética
es solo mío y mi desconsuelo
por la furia y la impotencia
de ver el mundo progresivo
y sus inaccesibles formas para mi dignidad
es mi incomprensión de lo real
y la fabulación perpetua que me acompaña.
No soy chamán ni soy guía espiritual
soy un simple hombre regular,
pedestre, mundano, menos que animal,
que en su circularidad de circuitos modélicos
femeninos esconde su infertilidad infecunda.

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