La compleja red de relaciones que abarcan las artes componen un entramado de técnicas, disciplinas, saberes y conocimientos que coinciden en oficios y formas ocultas muchas veces por tradiciones y conocimientos revelados únicamente a los iniciados. No exclusivamente se trata de las herencias, múltiples y variadas, del siglo XX o XIX, cuando fue propulsada la sociedad industrial que soporta todo el auge tecnológico vigente con las revoluciones industriales y tecnológicas actuales.

Se trata también de largos recorridos muchas veces cortados por genios o impulsos de genialidad como Leonardo Da Vinci o quizá también la pintura flamenca del siglo XV y XVI. Junto a la evolución de las técnicas y un sin número de recursos, igualmente el desarrollo científico ha permitido en dados momentos históricos el desarrollo de pigmentos o de instrumentos que abren el mosaico del panorama y horizonte de la creación.

Hay quien dice que antes de la literatura está el arte dramático, pero antes de eso el chaman es conexión con los dioses mediante el verbo, que es poesía, aunque también épica, drama, tragedia y lírica. De ahí, entonces, como nos dijo hace tanto Aristóteles, la mímesis o imitación que se circunscribe igualmente a formas de cofradías y secrecía de técnicas y métodos, para formar agrupaciones especializadas en las distintas ramas artísticas, luego filosóficas y epistémicas, luego cientíicas, luego comunicativas, etcétera. De esa forma, tradición e innovación no deberían pelear por un puesto privilegiado en el escenario de la creación, sino converger entre sí.

Por ello, no importa qué arte o expresión haya sido primero o cuál sea la más “completa” o “relevante” sino la comprensión, en el mejor sentido renacentista, de la multiplicidad de las expresiones y de su necesaria interrelación. En el mejor de los casos se trata, también, de asumir lo diverso y múltiple en las técnicas que finalizan en el modelo catártico que purga el ser y expresa algo que no existía. Por eso, poesía, en griego poiesis, es creación, y por eso mismo crear, más adelante en la revolución tecnológica inventar, es saber entender la acumulación de la tradición con la necesidad de innovación.

Por eso, academicismos más o menos, el conocimiento y expresión novedosas se injertan con sensibilidad, sabiduría e incertidumbre en las tradiciones a las que pertenecen. Así, crear y expresar no es un mero impulso reflejo, aunque sí lo sea en un inicio, sino la capacidad de maestría después de haber bebido de la tradición y entender la dualidad entre el camino individual y el colectivo, entre herencia y modernidad, entre cambio y continuidad, entre revolución y permanencia.


