¿Cómo salieron todas las vidas
al sol, a ganarse el pan, a luchar?
Cuando menos lo esperé
este inmenso mal que injertaron
este terror, esta inclemencia
de saberme humano, insignificante
en un mar de humanos.
¿Cómo los mensajes no llegaron
a su destino, porqué se perdió
el circuito para salvar el cuerpo,
el alma, la razón, en medio de las torres
caídas que me dieron la marca
de ser quien vivió la tropelía
de la vergüenza y la deshonra?
Pero el mar no se fue, el invierno no se fue,
no se fue el canto de las aves, no se fueron
los árboles ni los amaneceres.
El amor no se fue, la esperanza no se fue,
otros miles de millones llegaron,
pero aquí estoy, no me he ido,
por encima del absoluto mal
que me plantaron, de la desilusión,
de este inmenso dolor de saberme vivo
esclavo siempre, inútil siempre, innecesario siempre,
para los otros que simularon su aprecio
pero que en el fondo me juzgan y critican
porque jamás intentarán entenderme, respetarme
ni entenderme. La sociedad nunca perdona,
por la divina natura de Dios me conocí
por la humana cultura conocí mi condena.


