Cuando en la vida
aparece para comulgar
la luz y el dolor
atravesamos un bosque.
Con miedo, tristeza y pena
lo atravesamos.
Perdemos la guía,
perdemos el rumbo,
nos adentramos en lo desconocido.
Pero dentro la fe es luz,
eso que nos mueve,
una voz cierta, débil a ratos,
a ratos fuerte, que nos moviliza.
Atravesamos silentes
el bosque de la desdicha,
¿A dónde llegaremos?
¿Con quién saldremos de allí?
¿Cuál será el refugio que encontremos?
No lo sabemos.


