Recto fue el silencio
para que la vida
estuviera completa.
Asombro del ruido
del mundo que conquistó
los rincones terribles
del ser y la esencia.
Monotipo de dolor
la crudeza del mundo
contra el viento absorto
de la inocente ausencia
de sonido: tibieza alcanzada
una conquista del mutismo.
Atisbar entonces las lágrimas
que rompen y sanan
como manantial en la montaña
de la grisura espesa
de todas las mañanas venideras.


