La verdadera revolución
consiste en matar revolucionarios,
lo transformado es
el autoritarismo que gobierna.
La rebelión incesante
solo preserva
el exterminio cambiante
tradición milenaria
de perpetuar el dominio
de todos por unos cuantos.
En la esperanza y la utopía
yacen los cuerpos muertos
de la justicia callada injustamente.
No hay cambio sin dolor
ni crecimiento sin dolor
ni vida sin cambio.
La verdadera revolución
es morir por ideales ajenos
creyendo que son nuestros.
Los asesinos son los otros
pero nosotros somos
ingenuos objetos de intenciones
ocultas detrás de máscaras y pantallas.
No, el ser humano no cambiará
de ninguna forma ni el mundo,
ni la sociedad, ni la economía,
no, no hay cambios posibles
fuera de la autoridad que nos subyuga.
Milenios y milenios de envidia,
de juicios y razonamientos oscurecidos
en retóricos sistemas de dominación
son los que gobernaran ad infinitum.
La verdadera revolución consiste
en ser asesinado, perseguido, extinguido,
exterminado, porque no hay dignidad
ni la habrá para quien sueña con lo inexistente,
cuando al fin de cuentas todos nos es dado
para reprocharlo, cuestionarlo y criticarlo.
Nada será salvado, nada será sagrado,
ni la sangre, ni el aliento, ni la luz ni la esperanza,
porqué la revolución verdadera está
en ser matado, ser heroicamente idolatrado,
ser un mártir cuando tal vez lo único era
querer que terminara esta masacre de milenios,
al final los asesinos de Jesucristo siguen entre nosotros.