Ascendimos y volamos
surcamos el ruido
y yo caí, al final, caí.
Luego sombras
espejos, confusión,
maremoto de silencio
desolado como tundra.
Fui la estepa de un amar
no realizado, fui dolor,
tristeza y llanto. Fui un destino
cumplido, una cruenta incomprensión.
Ascendimos y volamos,
surcamos la oscuridad
hasta ser luz, hasta un abrazo
de rechazo pleno,
deseo frustrado, quebranto
nada que nadie no haya vivido.
Tres tonos fuimos
la serpiente, en un beat,
Eva en ti
Adán en mí.
La memoria recordó,
siempre en células
reproducidas
de viejas hazañas.
Fuimos entonces
como miles de años atrás
en el paraíso fuimos.
El signo fue tres tonos
tres saltos al vacío
destinos distintos
el tuyo y el mío
el de la serpiente también.
Pero Dios habló
Dios dijo
—suban y conozcan—
y conocimos.
Miles de años después
fui también
un esclavo apache en una cuerda
de 6000 esclavos
desde la Ciudad de México
hasta Nuevo México
en 1537, poca cosa
las vidas pasadas.
Dios habló
y dijo
—anden, vuelen, sepan
que no es de ustedes el amor
ni el tocar ni el sentir, es mío—
y volamos, anduvimos;
supimos que esto no sería,
que amarnos no era
que sentirnos no era
que tocarnos no era,
que jamás volveríamos a ser.
Tritónico signo de Dios
nuestra culpa de una noche
de primavera, para tú ser feliz,
para yo jamás olvidarnos,
lo que no fuimos, lo que no seremos,
solo eso, porque nada pasó entre nosotros.


