Toda la oscuridad esconde
nuestras luces.
Cada pulso
en nuestro corazón
es luz. Nunca se enciende
en ella la desdicha,
el rencor y la desesperanza.
Nada mala puede alojar la luz.
Vida y calor, brillo y esplendor,
la luz se esconde discreta
porque sus secretos no son accesibles
a cualquiera ni en cualquier instante.
Solo en la más honda oscuridad aparece
para llenar la vida de vida, el amor de amor,
la paz de paz, solo aparece y destella
el mensaje profundo que nos arranca
de la desgracia. Así es, escondida, la luz nace
para alumbrar nuestros pasos en este camino
que conduce a la última morada, la luz perpetua.


