Habría invernado
cada año
hasta mi muerte
al lado de ella.
Pero mi invierno,
que no veía,
es tan antiguo
como los mares
y tan brillante como el magma.
Camino a casa entiendo
que invernar
sin un cuerpo que abrazar
no es estar solo
es aprender a calentarme
por mí mismo
sin la premura
de caricias ajenas.