Este dolor potente y voraz
se apacigua al abrazar
el árbol que es mi fuerza.
Volar jamás será
perderse en las estrellas.
Finaliza el día
cuando el invierno
sopla su poderosa canción
de resguardo.
Los años no son nombres
ni personas ni lugares.
Son imanes para la memoria.
La cima de este dolor
permite ver
los valles de la alegría.
Todo cuanto se esfuma
del horizonte
es la neblina de experiencias
nunca antes vividas ni contadas.
Finaliza el llanto y la tristeza,
el dolor no se extingue,
pero se apacigua,
como retoza en las ramas
de mí árbol
la esperanza de un nuevo amanecer.


