Tallo mis calzones
cómo la frustración,
el dolor y la miseria
han tallado mi alma
desde hace tantos años.
Pero la mugre de mi espíritu
no desaparece, incrementa.
En cambio el agua y el jabón
retiran mis suciedades
de la ropa interior, renovándola.
Siempre fue, es y será nunca
un mero abrazo, un simple beso,
actos de amor que no era amar.
Si acaso este cuerpo se extinguirá
y no habrá más suciedad y residuos
qué limpiar ni tallar ni lavar.
Y en esa extinción física
seguiré siendo tallado
con fruición y poder
por lo que me niega y me omite
porque mi ego no es necesario
para nada ni nadie
porque no soy, no fui ni seré
el forjador de mi destino
más que el de todos mis esfuerzos
para un éxito impecable
que nunca existirá.


