La regla inventó
nombrar el silencio
reglada astucia
firmamento oscuro
hasta la luz del sol,
el precepto primero.
Antes de la creación:
dios descompuesto,
era de las cavernas de fuego,
luego los cielos,
la tierra y la luz,
otras reglas, normatividad
para la vida, sin fin,
mascador inmenso
demiurgo del precepto.
Atiborrada con miles de millones
hoy el cielo y la tierra
destruidas en proceso
nos esconden imantados
a las ídolas del momento.
Luego carne, babas, sangre,
sexo frenético, voraz y cruento
no la vida, el placer, otro precepto.
Anquilosada fuga a la mazmorra
infernal de los distingos
sin miramientos
guerras religiosas
tormentos y tortura
por hambre, violaciones,
por dinero, otro precepto.
geopolítica del desconsuelo
estatismo teórico-práctico
de la injusticia un momento
jamás olvidarla, siempre recuerdo,
no el soberano totalitario
yankee, judío o germano,
sino el asombro ruín
de cada instante muerto
muerte honorable
asesinar sin freno, otro precepto.
Fratricida inconsciencia
lamento de milenios
atisbar su fin, jamás, eternamente
firme, la guerra y el colonialismo,
otro precepto. Sin preceptos
¿vivieremos? No lo sabemos
de cierto, ni supones, aquí
en el siglo XXI, solo sin preceptos
permiten sobrevivir a la locura demencial
de la neurosis infrahumanista, ningún precepto.


