Ojalá nada fuera de nadie
ni existiera esta neurosis
de palabras y conocimientos.
Ojalá pudiéramos cabalgar
los prados incultos de la tierra
y ser salvajes sin razón.
Ojalá la poesía fuera el verbo
sagrado y Dios fuera verdad
no la mentira que es hoy día.
Ojalá no hubiera posesiones
ni metafísicas ni pensamientos
cuantos nos obstruyen
la verdad de la luz y las cosas.
Pero no, no habrá otra vez
fe verdadera ni algo sagrado
en esta tierra de siglos desvencijados.
Habrá tal vez únicamente un ramo de flores
para quien amamos, en vida y en muerte,
habrá eso sí miseria y dolor y rabia,
pero no habrá vuelta a la religión natural.
Ojalá no viviéramos todos estos engaños,
pero sí, eso vivimos, las mentiras añejas
que están aquí, en todas partes,
consolándonos, motivándonos, alimentando
la falsa versión de todo cuanto nos rodea.


