Tu alma oxidó
mi vida, mi cuerpo
trance y extravío
de eternidades.
Soplo de segundo
pecado conocer,
ignorar, feliz inocencia.
Trémulo golpe
instinto de amar lujurioso:
tu cuerpo nunca oxidó mis manos
con el sudor de nuestro amor.

“Los oxidados” por Guillermo Arismendi @Artearismendi